Mis dudas con los bitcoins

Leo que un tal Gerald Cotten se murió en la India donde estaba para abrir un orfanato. Ese señor era dueño de una plataforma de compraventa de monedas virtuales en Canadá con el nombre de QuadrigaCX. Esta plataforma guarda más de 250 millones de dólares en monedas virtuales, entre ellas muchos bitcoins, la primera criptomoneda. Cotten, obsesionado con la seguridad y temeroso de los hackers, puso todas estas monedas pertenecientes a 115.000 clientes en un monedero electrónico desconectado de internet y protegido por la clave secreta.

La cuestión es que Cotten se ha llevado la tumba la contraseña para acceder a los fondos y no hay manera de poder entrar y recuperar las criptomonedas. De esta manera QuadrigaCX se puede enfrentar en las próximas semanas a demandas millonarias.

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Cuento eso porque nunca he entendido muy bien el fenómeno de los bitcoins, una moneda virtual sin ningún organismo que lo regule. Hasta su creador Satoshi Nakamoto es anónimo. Es divertido la cantidad de teorías que corren en la red sobre la identidad real del creador de los bitcoins. Es el Bansky de las finanzas.

INVERSIÓN

Mucha gente de todo el mundo ha invertido en bitcoins. Es tan popular que hasta los guionistas de The Big Bang Theory dedicaron todo un capítulo al tema. Sheldon Cooper podía estar detrás del robo de las criptomonedas de sus tres amigos que por aquel entonces ya había alcanzado los 5.000 dólares por moneda.

Hay una cierta división frente a la rentabilidad y durabilidad de esta moneda virtual. Unos economistas dicen que es un negocio especulativo y que su carácter anónimo la hace muy atractiva para aquellos negocios sucios relacionados con el tráfico de drogas o el terrorismo. Curiosamente los dos países que más invirtieron en bitcoins en el mes de diciembre fueron Rusia y Venezuela, dos países en el ojo del huracán político.

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Otros consideran el bitcoin una moneda virtual que permite hacer transacciones en cualquier lugar del mundo, sin ataduras territoriales. Es el primer sistema de blockchain, una tecnología que permite la realización confiable y segura de cualquier tipo de transacción entre dos o más personas sin la necesidad de intermediarios, a través de Internet.

Después de unos años donde los inversores se lanzaban a comprar criptomonedas como si no hubiera mañana (en 2017 llegaron a una valorización de 300.000 dólares), ahora el bitcoin ha sufrido un serio desplome del más del 60%. El futuro de los bitcoins es incierto, pero probablemente no es tan negro como algunos quieren pintarlo. Aún así, a mi me da cierto apuro invertir en algo que no es tangible y que no hay alguien que lo regule. A lo mejor es cuestión de tiempo. Quién sabe si cambio de opinión y en un año tengo una fortuna en bitcoins. Eso sí, tendré mucho cuidado de la plataforma en la que dejo mis monedas virtuales. No sea que otro se lleve mis inversiones a la tumba.